viernes, 22 de marzo de 2013

Cali, la ciudad de “los demás”

Los caleños tenemos mil razones para quejarnos: muchos pensamos que hace décadas no tenemos un buen alcalde y los concejales tampoco nos deslumbran; consideramos que no merecemos la congestión ni el desorden de las estaciones del MIO; si hablamos de civismo, es con nostalgia porque ya a nadie le importan “los demás”… en fin. Día a día, vemos cómo nuestra ciudad se encuentra sumida en una situación realmente caótica, con un futuro nada alentador.

La falta de liderazgo de los gobernantes, los trancones en las horas pico, las estaciones del MIO con personas atropellándose para abordar el bus, la carencia de amor por la ciudad, todo muestra que Cali ya no es un buen vividero. Es triste decirlo, pero es una realidad latente.

Empecemos con la falta de liderazgo, y para ello hagamos una lista de exalcaldes nombrados por elección popular, recordados con ingratitud: Mauricio Guzmán (1995-1997), Ricardo Cobo (1998-2000), Jhon Maro Rodríguez (2001-2003), Apolinar Salcedo (2004-2007) y Jorge Iván Ospina (2008-2011). Si bien unos fueron peores que otros, resultamos responsables de ello cuando los elegimos, pues optamos “por el más nombrado en las encuestas”, “por el que nos va a dar trabajo” o, más fácil aún, no participamos en las elecciones.

En cuanto a Rodrigo Guerrero, esperemos hasta el 2015, cuando finaliza su segunda temporada, porque durante su primer mandato (1992-1994) nos dejó la sensación de haber sido nuestro último buen alcalde. Sin embargo, ahora poco se ha visto de ese gran líder, y tal parece que fuera a cumplirse aquel presagio pesimista de los críticos respecto de la continuación de alguna película: “las segundas partes nunca fueron buenas”.

La moraleja es que los habitantes de Cali somos responsables de una parte de esa triste historia pues no nos interesa elegir a nuestros gobernantes. Una muestra de ello es que en la elecciones más recientes a la Alcaldía no votaron ni la mitad de las personas aptas para hacerlo: tan sólo el 42.84 % participó de la jornada. Y para el Concejo hubo una cifra similar: un 42.39 % ¿Por qué molestarnos con algo tan aburrido? Dejémosle eso a “los demás”.

Y sigamos con los insufribles trancones de las horas pico. ¡Qué desespero! ¡Qué calor! ¡Qué estrés! ¿No se supone que para evitar esto está el Pico y Placa? Claro que sí, pero el problema es que nadie quiere sacrificarse ni un poco para mejorar la movilidad, pese a que son casi 60.000 los vehículos que salen de circulación con la norma. No obstante, antes de las 7:00 a.m. es imposible transitar tranquilamente porque hay más de 350.000 carros compitiendo por llegar a su destino sin que los sorprenda el Pico y Placa. Eso quiere decir que los conductores preferimos madrugar más a usar transporte público, y lo peor es que todos andamos afanados y neuróticos por el pánico a ser multados. ¿Dejar el carro en la casa? Eso que lo hagan “los demás”.

Ahora, intentar abordar un bus en una estación del MIO es toda una odisea: empujones, codazos, pisotones, malas caras y hasta insultos se reciben y se dan durante esta proeza. Pero eso sí, nadie da un paso al lado, pese a que este servicio lo compartimos más de 300.000 usuarios. Lo complicado del asunto es que todos pensamos en hacernos adelante para abordar el bus de primeros porque tenemos prisa. Entonces, de malas por “los demás”.

Personalmente, tengo grabada en mi memoria una imagen infantil de la primera vez que vine a esta ciudad: ¡aquí la gente hacía fila para subir a los buses! Me pareció tan bonito ver personas adultas como niños de colegio, organizadas por iniciativa propia, esperando su turno para abordar, con paciencia y cortesía; sin afanes, sin atropellar, sin “colarse”. Eso no lo veo hace más de veinte años.

Estoy segura que ninguno de nosotros está feliz viviendo entre tantas dificultades. Pero, además de quejarnos tanto, ¿nos hemos puesto a pensar qué tan responsables somos de la situación en la que está hoy nuestra ciudad? Cali necesita ciudadanos responsables y comprometidos, que cambiemos nuestra manera de actuar. Cali necesita que la sintamos en el corazón. Cali necesita que empecemos a pensar en “los demás”, porque  aquí olvidamos que todos somos –como dice la canción del argentino Alberto Cortez– “los demás de los demás”.

¡Los caleños también merecemos ser felices!

Cuando escuchamos la palabra economía, los del común lo relacionamos con dinero; y si el asunto es “desarrollo económico mundial”, pues obviamente se habla de las grandes potencias mundiales, algo poco interesante en una ciudad provinciana como Cali, donde lo más importante es conseguir el sustento para sobrevivir en medio de los problemas de inseguridad, violencia, desempleo, movilidad deficiente, corrupción y cientos de flagelos más, evidenciados a cada instante por los medios de comunicación locales y nacionales.

Este pensamiento con el que nos sentimos identificados proviene de los modelos económicos que desde los años cuarenta, más exactamente después de la Segunda Guerra Mundial, los líderes de ‘los superpoderes’ para su propia conveniencia empezaron a vender a los países ‘subdesarrollados’: nos dejaron flotando en lo que hoy conocemos como neoliberalismo.

En ese entonces, dentro de un proyecto para apoyar a los aliados “más pobres”, fue creada la Agencia de los Estados Unidos de América para el Desarrollo Internacional, que brindaba ayudas a los gobiernos para ampliar y mejorar la infraestructura de carreteras, viviendas, y servicios básicos como electricidad, agua potable y alcantarillado. Años después, se contemplaron inversiones en agricultura, salud y educación.

Conociendo esa parte de la historia, es entendible que en América Latina, en Colombia y en nuestra querida Santiago de Cali, todos vivamos bajo ese modelo económico de desarrollo que fue implementado cuando nacieron quienes hoy ya son abuelos.  Han sido casi setenta años creyendo que “tener desarrollo” es tener crecimiento económico y mostrarlo a través de enormes inversiones en infraestructura, tecnología e industria. Y si bien es claro que la educación, la salud y el bienestar social son necesarios, no son atractivos porque los resultados  intangibles son poco valorados.

En los últimos años hemos venido echando cemento por doquier, porque para nuestros gobernantes que una obra nos cueste miles de millones de pesos y a los pocos meses aparezcan fallas que nadie tuvo presentes desde un principio no importa tanto como mostrar la inversión en el desarrollo de la ciudad. ¿Ejemplos? Ni más ni menos que algunas de las famosas Megaobras: en el puente de la 70, en Alfonso López, la loza resultó con filtraciones; en la pavimentación de la calle 16, entre carreras 80 y 86, se encontraron ondulaciones; y en el puente peatonal de la Autopista con 68, las dos columnas principales terminaron incomodando el paso de los usuarios. Y, sin embargo, los caleños seguimos sacando plata –quién sabe de dónde– para pagar estos proyectos “de desarrollo” que con esos resultados nos presentan una triste ciudad carente de dolientes.

Para 2011 Cali contaba con 2’269.532 habitantes, una ciudad pequeña comparada con Nueva York y sus 8’175.133 residentes legales; pero con una gran población, comparada con la diminuta Timbú, con sus 74.175 ciudadanos, que viene siendo como nuestra Comuna 7.

Timbú es la capital del Reino de Bután: un país montañoso, sin mar cercano, ubicado al sur de Asia, entre India y China. Lo curioso no es su cantidad de habitantes, sino que en este insignificante país el modelo de desarrollo es muy diferente al resto del mundo, pues los butaneses no hablan de Producto Interno Bruto, sino de Felicidad Interna Bruta. ¿Suena absurdo? Eso pensaba el resto del planeta. Pero hoy las miradas están puestas en este desconocido rincón del mundo ya que, por primera vez en la historia, 68 países miembros de la Organización de las Naciones Unidas de forma unánime respaldaron la iniciativa de Bután y tienen 60 representantes diseñando un Nuevo Modelo Mundial de Desarrollo Económico basado en “la felicidad y el bienestar” y pensando en la sustentabilidad ecológica, la distribución justa y la eficiencia en el uso de los recursos.

Este modelo será presentado ante la Asamblea General de la ONU a finales del 2014. ¡Un suceso sin precedentes! Lo paradójico del asunto es que de esto pocas noticias se han hecho.

Pese a que entre esos 60 líderes mundiales hay tres latinoamericanos, Colombia no está en este grupo; sin embargo, debemos estar muy pendientes del tema, pues en nuestro país, y sobre todo en Cali, los ciudadanos merecemos un desarrollo basado realmente en nuestro bienestar y no en mostrar la gestión de los gobernantes de turno. Solo así podremos tener una ciudad feliz.

jueves, 12 de julio de 2007

¡Bienvenidos y bienvenidas!

Les comparto mi pensar sobre diferentes temas que me interesan... Es un compendio de mis columnas de opinión publicadas en el periódico El Pueblo-Cali.

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