Cuando escuchamos la
palabra economía, los del común lo relacionamos con dinero; y si el
asunto es “desarrollo económico mundial”, pues obviamente se habla de
las grandes potencias mundiales, algo poco interesante en una ciudad
provinciana como Cali, donde lo más importante es conseguir el sustento
para sobrevivir en medio de los problemas de inseguridad, violencia,
desempleo, movilidad deficiente, corrupción y cientos de flagelos más,
evidenciados a cada instante por los medios de comunicación locales y
nacionales.
Este pensamiento con el que nos
sentimos identificados proviene de los modelos económicos que desde los
años cuarenta, más exactamente después de la Segunda Guerra Mundial, los
líderes de ‘los superpoderes’ para su propia conveniencia empezaron a
vender a los países ‘subdesarrollados’: nos dejaron flotando en lo que
hoy conocemos como neoliberalismo.
En ese entonces, dentro de un
proyecto para apoyar a los aliados “más pobres”, fue creada la Agencia
de los Estados Unidos de América para el Desarrollo Internacional, que
brindaba ayudas a los gobiernos para ampliar y mejorar la
infraestructura de carreteras, viviendas, y servicios básicos como
electricidad, agua potable y alcantarillado. Años después, se
contemplaron inversiones en agricultura, salud y educación.
Conociendo esa parte de la historia,
es entendible que en América Latina, en Colombia y en nuestra querida
Santiago de Cali, todos vivamos bajo ese modelo económico de desarrollo
que fue implementado cuando nacieron quienes hoy ya son abuelos. Han
sido casi setenta años creyendo que “tener desarrollo” es tener
crecimiento económico y mostrarlo a través de enormes inversiones en
infraestructura, tecnología e industria. Y si bien es claro que la
educación, la salud y el bienestar social son necesarios, no son
atractivos porque los resultados intangibles son poco valorados.
En los últimos años hemos venido
echando cemento por doquier, porque para nuestros gobernantes que una
obra nos cueste miles de millones de pesos y a los pocos meses aparezcan
fallas que nadie tuvo presentes desde un principio no importa tanto
como mostrar la inversión en el desarrollo de la ciudad. ¿Ejemplos? Ni
más ni menos que algunas de las famosas Megaobras: en el puente de la
70, en Alfonso López, la loza resultó con filtraciones; en la
pavimentación de la calle 16, entre carreras 80 y 86, se encontraron
ondulaciones; y en el puente peatonal de la Autopista con 68, las dos
columnas principales terminaron incomodando el paso de los usuarios. Y,
sin embargo, los caleños seguimos sacando plata –quién sabe de dónde–
para pagar estos proyectos “de desarrollo” que con esos resultados nos
presentan una triste ciudad carente de dolientes.
Para 2011 Cali contaba con 2’269.532
habitantes, una ciudad pequeña comparada con Nueva York y sus 8’175.133
residentes legales; pero con una gran población, comparada con la
diminuta Timbú, con sus 74.175 ciudadanos, que viene siendo como nuestra
Comuna 7.
Timbú es la capital del Reino de
Bután: un país montañoso, sin mar cercano, ubicado al sur de Asia, entre
India y China. Lo curioso no es su cantidad de habitantes, sino que en
este insignificante país el modelo de desarrollo es muy diferente al
resto del mundo, pues los butaneses no hablan de Producto Interno Bruto,
sino de Felicidad Interna Bruta. ¿Suena absurdo? Eso pensaba el resto
del planeta. Pero hoy las miradas están puestas en este desconocido
rincón del mundo ya que, por primera vez en la historia, 68 países
miembros de la Organización de las Naciones Unidas de forma unánime
respaldaron la iniciativa de Bután y tienen 60 representantes diseñando
un Nuevo Modelo Mundial de Desarrollo Económico basado en “la felicidad y
el bienestar” y pensando en la sustentabilidad ecológica, la
distribución justa y la eficiencia en el uso de los recursos.
Este modelo será presentado ante la
Asamblea General de la ONU a finales del 2014. ¡Un suceso sin
precedentes! Lo paradójico del asunto es que de esto pocas noticias se
han hecho.
Pese a que entre esos 60 líderes
mundiales hay tres latinoamericanos, Colombia no está en este grupo; sin
embargo, debemos estar muy pendientes del tema, pues en nuestro país, y
sobre todo en Cali, los ciudadanos merecemos un desarrollo basado
realmente en nuestro bienestar y no en mostrar la gestión de los
gobernantes de turno. Solo así podremos tener una ciudad feliz.
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