viernes, 22 de marzo de 2013

¡Los caleños también merecemos ser felices!

Cuando escuchamos la palabra economía, los del común lo relacionamos con dinero; y si el asunto es “desarrollo económico mundial”, pues obviamente se habla de las grandes potencias mundiales, algo poco interesante en una ciudad provinciana como Cali, donde lo más importante es conseguir el sustento para sobrevivir en medio de los problemas de inseguridad, violencia, desempleo, movilidad deficiente, corrupción y cientos de flagelos más, evidenciados a cada instante por los medios de comunicación locales y nacionales.

Este pensamiento con el que nos sentimos identificados proviene de los modelos económicos que desde los años cuarenta, más exactamente después de la Segunda Guerra Mundial, los líderes de ‘los superpoderes’ para su propia conveniencia empezaron a vender a los países ‘subdesarrollados’: nos dejaron flotando en lo que hoy conocemos como neoliberalismo.

En ese entonces, dentro de un proyecto para apoyar a los aliados “más pobres”, fue creada la Agencia de los Estados Unidos de América para el Desarrollo Internacional, que brindaba ayudas a los gobiernos para ampliar y mejorar la infraestructura de carreteras, viviendas, y servicios básicos como electricidad, agua potable y alcantarillado. Años después, se contemplaron inversiones en agricultura, salud y educación.

Conociendo esa parte de la historia, es entendible que en América Latina, en Colombia y en nuestra querida Santiago de Cali, todos vivamos bajo ese modelo económico de desarrollo que fue implementado cuando nacieron quienes hoy ya son abuelos.  Han sido casi setenta años creyendo que “tener desarrollo” es tener crecimiento económico y mostrarlo a través de enormes inversiones en infraestructura, tecnología e industria. Y si bien es claro que la educación, la salud y el bienestar social son necesarios, no son atractivos porque los resultados  intangibles son poco valorados.

En los últimos años hemos venido echando cemento por doquier, porque para nuestros gobernantes que una obra nos cueste miles de millones de pesos y a los pocos meses aparezcan fallas que nadie tuvo presentes desde un principio no importa tanto como mostrar la inversión en el desarrollo de la ciudad. ¿Ejemplos? Ni más ni menos que algunas de las famosas Megaobras: en el puente de la 70, en Alfonso López, la loza resultó con filtraciones; en la pavimentación de la calle 16, entre carreras 80 y 86, se encontraron ondulaciones; y en el puente peatonal de la Autopista con 68, las dos columnas principales terminaron incomodando el paso de los usuarios. Y, sin embargo, los caleños seguimos sacando plata –quién sabe de dónde– para pagar estos proyectos “de desarrollo” que con esos resultados nos presentan una triste ciudad carente de dolientes.

Para 2011 Cali contaba con 2’269.532 habitantes, una ciudad pequeña comparada con Nueva York y sus 8’175.133 residentes legales; pero con una gran población, comparada con la diminuta Timbú, con sus 74.175 ciudadanos, que viene siendo como nuestra Comuna 7.

Timbú es la capital del Reino de Bután: un país montañoso, sin mar cercano, ubicado al sur de Asia, entre India y China. Lo curioso no es su cantidad de habitantes, sino que en este insignificante país el modelo de desarrollo es muy diferente al resto del mundo, pues los butaneses no hablan de Producto Interno Bruto, sino de Felicidad Interna Bruta. ¿Suena absurdo? Eso pensaba el resto del planeta. Pero hoy las miradas están puestas en este desconocido rincón del mundo ya que, por primera vez en la historia, 68 países miembros de la Organización de las Naciones Unidas de forma unánime respaldaron la iniciativa de Bután y tienen 60 representantes diseñando un Nuevo Modelo Mundial de Desarrollo Económico basado en “la felicidad y el bienestar” y pensando en la sustentabilidad ecológica, la distribución justa y la eficiencia en el uso de los recursos.

Este modelo será presentado ante la Asamblea General de la ONU a finales del 2014. ¡Un suceso sin precedentes! Lo paradójico del asunto es que de esto pocas noticias se han hecho.

Pese a que entre esos 60 líderes mundiales hay tres latinoamericanos, Colombia no está en este grupo; sin embargo, debemos estar muy pendientes del tema, pues en nuestro país, y sobre todo en Cali, los ciudadanos merecemos un desarrollo basado realmente en nuestro bienestar y no en mostrar la gestión de los gobernantes de turno. Solo así podremos tener una ciudad feliz.

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